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OCT 09, 2008
El nuevo problema energético.
ABC
JUAN VELARDE FUERTES
España en su crisis actual está pagando entre otras cosas que accidentes y errores de los políticos la precipitan una y otra vez, desde que comenzó la Revolución Industrial, a tener una energía cara.
Comenzamos con el carbón, mucho más caro que el inglés. Creíamos, al início del siglo XX, que podríamos sustituirlo, dentro de planteamientos de nacionalismo económico, por la (hulla blanca, o sea, la hidroelectricidad. Esta solo pudo significar una parte pequeña de la demanda nacional.
Piénsese que en 2007 supone únicamente el 3,3% de nuestra oferta de energía primaria, porcentaje en el que, además, se incluyen la fotovoltáica y la eólica, que son otras energías renovables. Conviene señalar que su posible ampliación es limitadísima y que se trata, en el caso de la eólica y la fotovoltáica, de energías realmente caras que exigen un esfuerzo general en forma de subvenciones del sector púbico.
Por ello se pensó, desde finales de los años 60, en apostar al petróleo de importación.
Hasta 1973 todo fue bien, pero desde 1974, año en el que se alcanzó la cumbre de cubrir con él el 74,5% de nuestra demanda de energía primaria, nos hemos encontrado, a causa del choque petrolífero comenzado entonces, con que es una energía cara. Las consecuencias de esta carestía fueron analizadas críticamente por el profesor Segura en un trabajo de la Fundación del INI, y por Fuentes Quintana en el n° 1 de (Papeles de Economía Español en relación con los diversos sectores de nuestra economía). Por ello se pensó en su sustitución ya en ese año 1974, por la energía nuclear, efectivamente barata, impulsada por el ministro Alfredo Santos Blanco. Ésta logra cubrir en 1989 un 17,0% de nuestras necesidades, pero el (parón nuclear decidido en 1982 por el Gobierno de Felipe González y nunca rectificado originó Un progresivo declinar: en 2007 sólo cubrió el 10,05%d e la demanda española de energía primaria. Se decidió sustituir esa situación por el gas natural.
Efectivamente su progreso es fuerte. Llega desde 1982, cuando alcanzó e12,8% de nuestras exigencias de energla primaria, al 22,1% en 2007. Claro que el gas natural se genera prácticamente en los mismos países que el petróleo, y por tanto el encarecimiento, a causa de sus medidas cartelizadoras, o lo que es lo mismo, monopolisticas, es evidente. Esta apuesta en favor de una energía cara se complica con otra: la caída de nuestro autoabastecimiento. Dependemos cada vez más del exterior.
En 2002 esta dependencia era de un 77,9%; en 2007, de un 81,4%. La media que tenía la Unión Europea de los 27 era del 52,3% en 2005, último de la serie que facilita, comparando los diversos países comunitarios, Eurostat. Añádase que España, en el ámbito de la OCDE, es la nación miembro que precisa adicionar más energía para aumentar en una unidad su PIB. ¿Es posible admitir que todo esto continúe?.

